A veces entre lagrimas siento como la soledad me estruja el corazón, como dentro de estas cuatro paredes se congela el tiempo y el silencio me hacen sentir su ausencia... uf, que ganas de un abrazo de mama, que necesidad de una comida rica de la abuela, de una pelea boluda con mi hermana, de un mate, de no parar de reírme con amigas. Que ganas de volver a ser yo un ratito.

Y aunque escriba esto llena de culpa creo que este es mi mejor/peor momento, nadie te prepara ni te avisa que todo va a cambiar tanto, que tu rutina se vuelve un constante no poder de mil cosas, que a veces no alcanza con solo tener ganas. Y que en este constante no poder la soledad se va adueñando un poquito de todo, se va haciendo parte del día a día; porque no todos entienden y aceptan el no poder de uno, porque te va alejando de los pocos que quedaban alrededor. 

No se en que  momento termino de colapsar todo, pero no puedo tomar conciencia de cuando la tristeza y soledad me consumieron por completo. Tal vez fue ese día, mientras preparaba el bolso para ir a tener a mi bebe, en donde me di cuenta que no había nadie con un mate o nadie con la misma alegría y ansiedad de conocerla eligiendo la primera ropa que le iba a poner. O no, puede que haya sido esos días en los que estuvo enferma y no hubo otros brazos aparte de los míos que la acobijen un ratito para que pueda.. no se, tal vez bañarme al menos. O ese primer día del amigo solas, en casa por no poder salir. O simplemente fue el día que mi cabeza dejo de jugarme a favor.

Nadie te avisa lo difícil que puede ser o probablemente sea que nadie habla del lado b de la maternidad, un poco mas loca,  inestable, sensible, agotada, pero en el fondo creo que sigue existiendo un poco de mi yo del pasado, de esa que  hoy necesita escuchar que están golpeando la puerta para salvarla un ratito de esa soledad interminable y de la rutina agotadora. Esa que puso su vida en pausa para darlo todo por alguien mas, a veces necesita unos brazos amigos que la sostengan un ratito, que llenen la casa de alegría, de risas, que rompan ese silencio constante. Tal vez mi yo del pasado no hizo las cosas tan bien o no fue tan buena amiga, tal vez mi yo del pasado no se merece hoy esos brazos sosteniéndola. 


Entradas populares de este blog